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La mayor dificultad de vivir con una persona que tiene la enfermedad de Alzheimer es la de convivir cuando comienza a presentar conductas “extrañas”.

Estas conductas, a veces son provocadas por la misma enfermedad, pero otras veces están provocadas por el entorno, por necesidades de la persona que no son cubiertas y también por la relación / comunicación.

La persona que padece Alzheimer, en ocasiones, intenta sobrevivir y comunicarse con las dificultades cognitivas que tiene, en un entorno que muchas veces no es capaz de comprender.

La persona que tiene la enfermedad, sufre paulatinamente de pérdida de memoria, del lenguaje, de desorientación en el tiempo, el espacio y de su propia identidad, problemas de percepción que incluye la dificultad de entender que son y para que sirven las cosas, pérdida de comprensión de instrucciones, pérdida de la capacidad de planificar y realizar actividades complejas, dificultad para tomar decisiones y pierden la capacidad de automotivación.

Las dificultades para expresar lo que sienten y lo que necesitan, el desconocimiento del lugar donde viven, de las personas con las que conviven y la dificultad para realizar tareas de la vida diaria, pueden causar situaciones de miedo, de rabia o de tristeza.

Aquí, en la dimensión emocional, es donde tenemos que poner atención, porque las conductas “extrañas” son las que nos dan pistas de que la persona está sufriendo, sólo que no sabe cómo expresarlo.

Así como la persona sufre una pérdida constante de capacidades cognitivas, su dimensión emocional permanece intacta. ¿Esto que quiere decir? Pues significa que a pesar de que no entienda su entorno, ni lo que pasa, mantiene la sensación de inseguridad, de pérdida y de daño y cuando se desarrollan situaciones que impactan en estas sensaciones responderá y posiblemente lo hará de forma extraña.

En Cuidante, facilitamos a las familias cuidadoras, la comprensión de las conductas de las personas con enfermedad de Alzheimer. Ofrecer un buen cuidado pasa por reconocer y comprender las necesidades y la dimensión emocional de las personas que cuidan.